A los 14 tuve mi primer intento, las razones son ahora confusas. Creo que me sentía abatida por el imperio de la realidad y el consumismo. A los 15 salté inocentemente por una ventaba y caí en el cielo, un cielo de ojos oscuros y brazos largos. Pocos meses después empezó el infierno y aquellos largos brazos se alejaron entre las llamas. A los 16 me rodè fuertemente por las escaleras, y en medio de aquellos botes y tropezones, deseè profundamente morir, la cicatriz resplandeciò en mi frente un buen tiempo (tal y como la de Harry Potter). No es sencillo morir cuando la muerte es un deseo. Hoy es un día caluroso, estoy en frente de una pantalla. Me siento viva y dueña de mis actos, observo esta fotografía y sonrío. Ella, la fotografía de Cesare Cicardini, representa los intentos fallidos de vivir y morir. Pienso y creo haber destruido los bordes de aquella burda realidad. Me gusta estar aquí, el diálogo que fluye, los seres que amo. Me gusta estar plasmada en una pintura que me representa como una Blancanieves que agoniza. No quiero ir a ninguna parte. Me gusta deslizarme por la noche y encontrarte. Me gusta cuando no hay planes secretos ni intención de futuro, sólo el instante que se expande y da lugar a un arte más oscuro que la muerte.


No hay comentarios:
Publicar un comentario