domingo, 24 de enero de 2010

VIRUS DEMENCIAL Y EXISTENCIALISTA

He estado en cama, víctima de un virus salvaje que me ha cogido por sospresa en el momento menos indicado los últimos dos días. Cuando la fiebre supera los 39 grados es fácil tener alucinaciones con la muerte. A esta altura de mi vida no tengo miedo de morir, pero la sola idea me resulta aburrida. Me gusta estar aquí, en este mundo que intento descifrar. Adoro mi familia y deseo, más que cualquier otra cosa, ver crecer mi potencial aùn oculto pero avasallador. No sé como será "allá" y no me interesa. Soy curiosa, pero guardo ciertos límites. Y seguro "allá" extrañaría aún más todo lo que ya extraño aquí. En medio de la fiebre pensé uno a uno en mis amigos, me pregunté por qué tenía que joderme a mí aquel virus en vez de cebarse con alguno de ellos. No, lo que de verdad me pregunté es cómo habría sido mi vida sin ellos y no obtuve respuesta. Me gusta escribir, crear con lenguajes tan diversos como la música o las imágenes, pero nada de lo que hago tendría un sentido sin esas personas que atraviesan mi vida. He tenido una existencia extraña y desnivelada y espero que dure bastante más. He tenido días arduos y noches demenciales. Sé lo que es el dolor, la perdida y el miedo, conozco bien la incertidumbre y el delirio, también los roces de la felicidad y la desazón. Nada humano me es ajeno. Pero he combatido todos esos buenos y malos momentos aferrado a mis amigos. Cuando la fiebre alcanzó su punto máximo me dije: No puedo morir, tengo que vivir para enterrar a mis pocos amigos... En realidad la muerte no pasa de ser una broma pesada y lo peor que podemos hacer es tomarla en serio. Lo que me ha dejado la fiebre es la idea de escribir y compartir con ustedes unos breves y sencillos retratos de esas personas que suelo ver de vez en cuando y están conmigo siempre.

sábado, 2 de enero de 2010

UN ARTE CLAROSCURO

A los 14 tuve mi primer intento, las razones son ahora confusas. Creo que me sentía abatida por el imperio de la realidad y el consumismo. A los 15 salté inocentemente por una ventaba y caí en el cielo, un cielo de ojos oscuros y brazos largos. Pocos meses después empezó el infierno y aquellos largos brazos se alejaron entre las llamas. A los 16 me rodè fuertemente por las escaleras, y en medio de aquellos botes y tropezones, deseè profundamente morir, la cicatriz resplandeciò en mi frente un buen tiempo (tal y como la de Harry Potter). No es sencillo morir cuando la muerte es un deseo. Hoy es un día caluroso, estoy en frente de una pantalla. Me siento viva y dueña de mis actos, observo esta fotografía y sonrío. Ella, la fotografía de Cesare Cicardini, representa los intentos fallidos de vivir y morir. Pienso y creo haber destruido los bordes de aquella burda realidad. Me gusta estar aquí, el diálogo que fluye, los seres que amo. Me gusta estar plasmada en una pintura que me representa como una Blancanieves que agoniza. No quiero ir a ninguna parte. Me gusta deslizarme por la noche y encontrarte. Me gusta cuando no hay planes secretos ni intención de futuro, sólo el instante que se expande y da lugar a un arte más oscuro que la muerte.